Fenómeno Edgar González

Ya he dejado patente en no pocas ocasiones que hay muchas cosas que escapan a mi entendimiento, eso es algo que no me avergüenza admitir. Pues bien, una de estas cosas que no acabo de comprender es el fenómeno Edgar González. Los que me conocen sabrán que su blog no es de mi devoción, sin embargo nunca me he manifestado públicamente al respecto porque comprendo que cada uno es libre de hacer lo que quiera en su blog, de llevar (o no) una línea editorial clara, de elegir cómo trata la información... Puedo entender perfectamente que a pesar de no saberle encontrar un criterio claro y que por tanto no pueda compartirlo, de considerar que adolece de una notable falta de rigor en la selección y el tratamiento de la información que en él se muestra, el mentado blog tenga sus admiradores, que, todo sea dicho, son tan numerosos que no puedo hacer otra cosa que admitir una cierta envidia. Sin embargo no es de eso de lo que me gustaría hablar, tan libre es González de escribir lo que quiera y como quiera como lo son los demás de compartirlo o no.

Lo que realmente ha motivado este artículo, lo que no llego a comprender, es que desde hace un tiempo vengo observando cómo medios o instituciones "serias", que tienen una gran trascendencia (y por tanto también una gran responsabilidad) no solo en los ámbitos arquitectónicos,  como El País en la noticia de la supuesta premiere de "La casa de Guadalupe" y en el execrable artículo "Arquitectura en Red"  o el CSCAE en esta entrevista o en su nombramiento como jurado de la X bienal de Arquitectura,  dan pábulo a una persona cuyo mayor logro, además de saberse relacionar muy acertadamente, parece ser usar una herramienta conocida sobradamente por muchos cuyo interés reside únicamente en el gran número de visitas que recibe y el eco mediático que consigue. Eso es lo realmente preocupante y creo que debería hacer reflexionar acerca de las fronteras entre información y publicidad o por el significado de las palabras calidad e interés.

Imagino que todo esto no deja de ser otro síntoma claro del tiempo en el que vivimos: ahora no se valora la calidad de las obras o discursos (no hablo solo de arquitectura), sino su repercusión mediática, lo que se dice de ellas. Si desgraciadamente no nos extraña que los equipos de fútbol fichen a jugadores mediáticos con importantes contratos publicitarios más allá de su calidad como deportistas o que los programas que se mantienen en televisión no son los más interesantes o mejores, sino los que mayor audiencia tienen,  parece que tampoco debería exclamarnos eso. A fin de cuentas parece que los arquitectos ya no construimos para el usuario, sino para salir en las revistas, para que muchos hablen de nosotros, es decir, construimos para nosotros mismos. EGo puro y duro, el complemento ideal para comunicadores cuyo único objetivo es publicar en lugar de (in)formar.