Cultura digital

Tecnología, interacción, elección y libertad

Si la tecnología controla todos los resultados de forma rutinaria (como si se tratara de una tubería de datos) hay un alto riesgo de que se convierta en obsoleta, cada vez menos utilizada o tan rutinaria que apenas sea interactiva. Muy parecido a comprar un billete de en una máquina automática: sí, usted tiene opciones, pero difícilmente se puede llamar a esto un acto interactivo.

Esta frase de Saskia Sassen acerca de las smart-cities que hizo en esta entrevista resume perfectamente uno de los grandes riesgos de este tipo de ciudades: el hecho de que la tecnología esté tan presente hasta el punto que parece gobernarlo todo convierte a la ciudadanía en meros consumidores de opciones predeterminadas (¿por quién? ¿gobernantes? ¿empresas?), por muy interactivas que sean las relaciones entre ambos.

El teléfono nuevo del emperador

Lo reconozco, siento muy poca simpatía hacia la marca de la manzanita. No es que el diseño de los productos de Apple me deje indiferente, o que no valore su sistema operativo o su apuesta por la innovación. El problema que le veo a la compañía son sus numerosos puntos oscuros, por mucho que sus productos sean blancos. Uno de esos aspectos negativos es, sin duda, el estudiado plan con el que sacan a la venta nuevos productos y retiran los "viejos", es decir, su obsolescencia programada.

Orsai, una prueba de que otra industria cultural es posible

En un momento en el que cuando se habla de Internet y cultura en cualquiera de sus variantes (publicaciones, música...) se hace para asociarlo a la piratería y las terribles consecuencias que eso (se supone) tiene para los autores, me gustaría compartir la conferencia de Hernán Casciari que como revela su sugerente título "Cómo matar al intermediario, limpiar la escena del crímen y encontrar una coartada creíble" va en contra de estas posturas que hemos visto muy bien ejemplificadas últimamente a través de las polémicas de Lucía Etxebarría, Jaume Sisa, presidenciable de la SGAE, o la controvertida Ley de Economía Sostenible (o Ley Sinde) (por poner solo tres ejemplos) en la que poco menos que equiparan a los internautas con piratas defraudadores y son incapaces de ver su rol real como público y consumidores potenciales.

En la conferencia, o audio-relato, Casciari cuenta, a través de su experiencia personal, tres anécdotas o tres momentos clave que demuestran que otro modelo de industria cultural no solo es necesario sino que además es posible.

Entre la serendipia y la procrastinación hay una delgada línea fronteriza

El otro día, en el máster de Sociedad de la Información, una compañera hablaba de que Internet, y concretamente el hipertexto, ha cambiado nuestra forma de leer, ahora leemos mucho más pero por otro lado la lectura es constantemente interrumpida, asincopada y no lineal. También se preguntaba cuanto hacía que no leemos algún texto de principio a fin de carrerilla.

Cambio tecnológico y cambio histório

La posibilidad de acciones históricas efectivas disminuye cuando las personas asumen que estas dependen de la tecnología y no de ellos

Rosalind Williams, en el Epílogo de “La Sociedad Red: una visión Global”, reflexionando sobre la relación entre tecnología, sociedad e historia. Concretamente cuando dice esto está hablando de la separación entre cambio tecnológico y cambio histórico que se produce a principios del S. XXI.

Sonambulismo tecnológico

Podemos decir que nos hemos convertido en sonámbulos tecnológicos, en el sentido de que únicamente nos hacemos conscientes de nuestra dependencia respecto de la tecnología, cuando los artefactos fallan: cuando el teléfono deja de funcionar, cuando el automóvil se estropea o cuando nuestro ordenador deja de responder.

Eduard Aibar, en su artículo Omnipresencia de la tecnología y sonambulismo tecnológico plantea esta reflexión que da para pensar sobre la relación que tenemos actualmente con la tecnología, en una época que según él "no tiene, de hecho, parangón con ninguna otra época de la historia"  y en el que la "nuestra forma de pensar sobre la tecnología es similar a la que otras culturas han tenido respecto a la naturaleza: las innovaciones técnicas nos parecen como 'caídas del cielo', algo a lo que debemos adaptarnos pero que, en lo esencial, escapa a nuestra voluntad" . Tal grado de penetración ha conseguido la tecnología en nuestra sociedad hasta el punto de que "muchos de los grandes problemas de nuestro mundo –algunos a escala global– tienen que ver directa o indirectamente con la tecnología"

Vuelvo a ser estudiante

Ahora sí. Hoy, día 21 de setiembre, empiezan las clases el Máster Universitario en Sociedad de la Información y el Conocimiento en la Universitat Oberta de Catalunya al que me matriculé hace unos meses, así que, ahora sí, ¡vuelvo a ser oficialmente estudiante!

Confieso que a pesar de que llevo mucho tiempo pensando en volver a estudiar (y concretamente en realizar un Doctorado) jamás me había atrevido a dar el paso hasta ahora ya que supone un esfuerzo y renuncia importantes. Sin embargo el momento actual, sumado a la presión en mi interior por hacer lo que en el fondo llevaba tiempo deseando hacer han hecho que me haya decidido a tomar esta decisión.

Puede que sorprenda que un arquitecto como yo, al que le encanta la arquitectura, haya optado por estudiar algo como esto que está tan alejado (a priori -luego ya se verá) de sus estudios y de lo que se supone que es su profesión. He de reconocer que yo mismo me he hecho esa pregunta varias veces y que me ha costado tomar la decisión, sin embargo creo que cada vez estamos más lejos del modelo en el que alguien se definía a nivel profesional con el título de lo que había estudiado ("soy arquitecto", "soy periodista", "soy ingeniero de telecomunicaciones"...) y trabajaba toda su vida en ello.

La utilidad de la tecnología

La tecnología no es importante en sí, sino por su utilidad. No resulta tan obvio, porque tendemos a pagar más capacidad tecnológica de la que necesitamos.

Carlo Ratti, arquitecto, ingeniero civil y director de Senseable City, en esta entrevista en La Contra de La Vanguardia, mientras añade:

Por una cultura de software responsable (I).

Una de las preguntas más importantes que deberíamos hacernos como profesionales es la elección del software que vamos a utilizar en el desempeño de nuestra profesión. Sin embargo la experiencia dice que esta pregunta es casi siempre obviada y se acaba utilizando el programa que hemos aprendido a usar o el que usa la mayoría de gente, sin plantearnos si realmente es el que mejor se ajusta a nuestras necesidades. Y es que nos enfrentamos a dos grandes lastres: por un lado el del mercado, que impone sus propias reglas pensando únicamente en el propio beneficio, y por el otro tenemos la enseñanza que se da en las facultades, que se suele limitar a enseñar un solo programa (dos a lo sumo) cuya elección también responde en gran parte al mercado.

Sobre el primer punto poco puedo decir; vivimos en una sociedad de consumo que no acabo de comprender, así que hoy me centraré en el segundo: la enseñanza del CAD en las facultades. Soy consciente de que las licencias de los programas son caras y que las universidades tienen unos fondos limitados, así que no es de extrañar que se lleguen a acuerdos con determinadas distribuidoras para disponer de condiciones ventajosas para la adquisición de tantas licencias. Sin embargo eso supone un problema, pues quedamos al amparo de una sola marca comercial, que está condicionando (y lo sabe) las tendencias del que será su próximo cliente. Creo que las universidades deberían ser conscientes de que eso va en contra de los objetivos formativos que defienden y deberían tomar carta en el asunto. Al fin y al cabo, contrariamente a lo que pudiese parecer, son ellas quienes tienen la sartén cogida por el mango.

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