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Tecnología, interacción, elección y libertad

Si la tecnología controla todos los resultados de forma rutinaria (como si se tratara de una tubería de datos) hay un alto riesgo de que se convierta en obsoleta, cada vez menos utilizada o tan rutinaria que apenas sea interactiva. Muy parecido a comprar un billete de en una máquina automática: sí, usted tiene opciones, pero difícilmente se puede llamar a esto un acto interactivo.

Esta frase de Saskia Sassen acerca de las smart-cities que hizo en esta entrevista resume perfectamente uno de los grandes riesgos de este tipo de ciudades: el hecho de que la tecnología esté tan presente hasta el punto que parece gobernarlo todo convierte a la ciudadanía en meros consumidores de opciones predeterminadas (¿por quién? ¿gobernantes? ¿empresas?), por muy interactivas que sean las relaciones entre ambos.

Sonambulismo tecnológico

Podemos decir que nos hemos convertido en sonámbulos tecnológicos, en el sentido de que únicamente nos hacemos conscientes de nuestra dependencia respecto de la tecnología, cuando los artefactos fallan: cuando el teléfono deja de funcionar, cuando el automóvil se estropea o cuando nuestro ordenador deja de responder.

Eduard Aibar, en su artículo Omnipresencia de la tecnología y sonambulismo tecnológico plantea esta reflexión que da para pensar sobre la relación que tenemos actualmente con la tecnología, en una época que según él "no tiene, de hecho, parangón con ninguna otra época de la historia"  y en el que la "nuestra forma de pensar sobre la tecnología es similar a la que otras culturas han tenido respecto a la naturaleza: las innovaciones técnicas nos parecen como 'caídas del cielo', algo a lo que debemos adaptarnos pero que, en lo esencial, escapa a nuestra voluntad" . Tal grado de penetración ha conseguido la tecnología en nuestra sociedad hasta el punto de que "muchos de los grandes problemas de nuestro mundo –algunos a escala global– tienen que ver directa o indirectamente con la tecnología"

La utilidad de la tecnología

La tecnología no es importante en sí, sino por su utilidad. No resulta tan obvio, porque tendemos a pagar más capacidad tecnológica de la que necesitamos.

Carlo Ratti, arquitecto, ingeniero civil y director de Senseable City, en esta entrevista en La Contra de La Vanguardia, mientras añade:

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