Pensamiento global, actuación global y retos de futuro en la enseñanza de la arquitectura

A estas horas estaré presentando mi comunicación "Pensamiento global, actuación local, una forma de afrontar los retos de futuro en la enseñanza universitaria de arquitectura: el caso de Herramientas Digitales " en las Jornadas Científicas Internacionales COAC 2012 sobre arquitectura, educación y sociedad organizado conjuntamente por el el Colegio de Arquitectos de Cataluña y la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona.  La ponencia se enmarca en el bloque relacionado con la enseñanza universitaria de arquitectura, y reivindica el poder que tenemos los profesores de incidir de forma humilde pero efectiva en tratar de dar respuesta a algunos de los problemas de los que adolece la educación universitaria en general y de la arquitectura en particular mediante pequeños ajustes en nuestras respectivas asignaturas, siguiendo la máxima de pensar globalmente y actuar localmente. Y para demostrarlo muestra la experiencia personal en la confección del plan de estudios de la asignatura que imparto en la ETSA de la Universidad San Jorge, Herramientas Digitales, que si bien dista mucho de ser perfecta y tiene, por supuesto, algunos aspectos mejorables, ofrece una visión de la arquitectura actualizada y acorde con el contexto presente.

A continuación dejo el texto que acompaña a la presentación. Los comentarios y preguntas, como siempre, son bienvenidos. Especialmente si son para perfeccionar la asignatura.


Jornadas Científicas “ARQUITECTURA, EDUCACIÓN Y SOCIEDAD”, Fórum Internacional de tesis doctorales a celebrar en Barcelona del 23 al 25 de Mayo de 2012

Que estamos en un contexto cambiante nadie lo discute. Hace tiempo que estamos viendo tambalear muchas cosas, incluso (o sobretodo) aquello que pensábamos que era inalterable y que no podría ser de otra forma: la forma de comprar alimentos, los hábitos de consumo, la industria de los libros o los periódicos...¡incluso la sociedad del bienestar!

No es de extrañar que dadas las circunstancias sean muchas las voces que postulan que la enseñanza universitaria de la arquitectura debería cambiar para adaptarse al contexto (un contexto convulso, recordemos). A eso hay que añadirle que estamos en un país en el que hay casi tantos seleccionadores de fútbol y pedagogos como habitantes (la tradición de cambiar planes de estudio viene de lejos y lo vemos después de cada nuevo equipo de gobierno). Por un lado, está la eterna discusión respecto a cómo adaptar la situación específica española al contexto del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) que hace que en estos momentos coexistan hasta cuatro planes de estudios diferentes en las distintas escuelas de arquitectura españolas. Protección de competencias y movilidad internacional son los argumentos utilizados por detractores y defensores de los nuevos planes de estudios. Por otro, están aquellos quienes denuncian un alejamiento entre la educación universitaria y la realidad profesional. Así, cuestionan la enorme centralidad de las asignaturas de proyectos y reivindican una enseñanza de nuevas salidas profesionales, argumentando que la crisis del sector de la construcción ha hecho que sean pocos quienes puedan construir y que el sector debe replantearse ya desde las propias escuelas. Por último están quienes cuestionan la necesidad de que haya tantos estudiantes de arquitectura en un mercado sobresaturado.

No seré yo quien justifique una enseñanza tradicional de la arquitectura, pues estoy convencido de ésta adolece de carencias importantes como el fomento de la competitividad en lugar de favorecer la colaboración (algo muy habitual en nuestros días y especialmente grave en una carrera donde el trabajo en equipo -muchas veces multidisciplinar- es algo habitual), la falta de explicación de salidas profesionales, la ausencia de pensamiento crítico o una formación instrumental de las herramientas informáticas. Todo ello se traduce en una visión muy reducida y sesgada de la realidad arquitectónica que parece centrarse únicamente en la figura del arquitecto liberal que monta su propia oficina con un socio y se dedican a hacer concursos. Además, se da la paradoja de que en ningún caso se forma en aspectos legales o empresariales y eso significa a su vez que los pocos que pueden optar por esta salida profesional lo hacen en unas condiciones precarias y desprotegidos respecto a la realidad del mercado laboral que acarrean nuevos problemas.

Sin embargo, estoy lejos de defender una reestructuración total de los planes de estudio pues entiendo que esto debe ser algo reflexionado y fruto de un periodo de estabilización que no tenemos en estos momentos. Hacerlo ahora podría ser contraproducente pues resulta fácil caer en la demagogia o el buenismo más inocente.

Lejos de querer entrar en un debate sobre si el modelo de enseñanza universitario debe ser aplicado al mercado laboral o de si este, así como la profesión, deben ser reconsiderados globalmente, la presente comunicación ofrece una visión subjetiva de cómo podemos, los profesores, contribuir en la medida de nuestras posibilidades a que el modelo educativo sea mejor, y para ello hace gala de la máxima “Pensar globalmente, actuar localmente”, es decir,  en poner el énfasis en los pequeños cambios de enfoque y metodología que podemos hacer desde nuestras respectivas asignaturas, teniendo muy claro el contexto global. Y para ello se centrará en los aciertos y errores del caso concreto del planteamiento de la asignatura Herramientas Digitales que imparto junto a Javier Álvarez Atares* en la Universidad de San Jorge.

Se trata de una asignatura obligatoria de primer curso, del bloque propedéutico, cuyo objetivo inicial era el de hacer que los alumnos se familiarizasen con los programas que se van a encontrar en su carrera profesional. A una asignatura de este tipo se le pueden dar varios enfoques: el más habitual es el de explicar cómo funcionan un grupo de programas concretos y conocidos (normalmente de la misma casa comercial: AutoCAD, 3DStudio, Photoshop...), como si se tratasen de recetas de cocina. Nosotros hemos querido rehuir de este enfoque y hemos optado por ser un poco más ambiciosos en cuanto a objetivos:

  1. 1. Principales
    1. Desarrollar criterio propio en cuanto a la elección de herramientas a utilizar
    2. Acabar con prejuicios tópicos infundados acerca del software
    3. Mejorar la capacidad de análisis y crítica (en este casos sobre software, pero es extrapolable a otros aspectos de la profesión o de la vida en general)
    4. Favorecer la relación alumno-herramientas digitales
    5. Conocer el trabajo del arquitecto en un sentido amplio del término y evitando tópicos
    6. Desarrollar un criterio propio en cuanto a la relación y al uso del software
  2. 2. Secundarios
    1. Ampliar la cultura arquitectónica
    2. Fomentar el trabajo en equipo

Todo ello ha condicionado la forma de enfocar la asignatura, y se ha traducido en dos pilares básicos:

En cuanto a la teoría:

  1. No explicamos programas, sino familias de programas: Procesadores de texto, CAD, BIM, Modelado y renderizado, Gestión y edición de imágenes, Edición de vídeo, Maquetación... Así no supeditar la educación a los intereses de una casa comercial y pueden extrapolar conceptos que se repiten entre programas distintos y entre versiones distintas de un mismo programa, lo cual fomenta la flexibilidad y la capacidad de adaptación.
  2. Las sesiones siguen siempre la misma estructura:
    1. Contextualización: explicamos qué problemáticas y necesidades tenemos como arquitectos en relación al tema de estudio, lo cual contribuye a conocer el trabajo del arquitecto en un sentido amplio, introduce salidas profesionales
    2. Presentación de los programas
    3. Conceptos básicos transversales
    4. Amplicación: nociones

En cuanto a la práctica: Todo el curso está orientado a un proyecto: documentar un edificio concreto, y para ello los alumnos se reparten en grupos que deben acometer distintas tareas como la realización de planos, modelos 3D, búsqueda de información, edición de imágenes... que cubren el espectro de bloques teóricos y se aplican siempre sobre el edificio en cuestión. De esta forma los alumnos tienen claro el objetivo y lo ven traducido en algo concreto, a la vez que se fomenta la relación entre conceptos (que dejan de verse como conceptos estancos) y el trabajo en equipo.

 

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* En los dos cursos anteriores la asignatura la realicé junto a Antonio Casas, con quien confeccioné buena parte de suss objetivos.