Orsai, una prueba de que otra industria cultural es posible

En un momento en el que cuando se habla de Internet y cultura en cualquiera de sus variantes (publicaciones, música...) se hace para asociarlo a la piratería y las terribles consecuencias que eso (se supone) tiene para los autores, me gustaría compartir la conferencia de Hernán Casciari que como revela su sugerente título "Cómo matar al intermediario, limpiar la escena del crímen y encontrar una coartada creíble" va en contra de estas posturas que hemos visto muy bien ejemplificadas últimamente a través de las polémicas de Lucía Etxebarría, Jaume Sisa, presidenciable de la SGAE, o la controvertida Ley de Economía Sostenible (o Ley Sinde) (por poner solo tres ejemplos) en la que poco menos que equiparan a los internautas con piratas defraudadores y son incapaces de ver su rol real como público y consumidores potenciales.

En la conferencia, o audio-relato, Casciari cuenta, a través de su experiencia personal, tres anécdotas o tres momentos clave que demuestran que otro modelo de industria cultural no solo es necesario sino que además es posible.

El primer momento clave es lo que para casciari fue "el error de venderse a la industria", es decir, cuando gracias a darse a conocer con su blog, firmó contratos con editoriales para vender sus relatos. Tras algún tiempo así, renuncia públicamente (en un artículo que vale la pena leer) a sus contratos con editoriales con Mondadori, Plaza y Janes, Sudamericana de Argentina y Grijalbo de Mexico y con los diarios en los que escribía regularmente: La Nación y El País. Los motivos que le llevaron a tomar la decisión fueron principalmente a su descontento con el funcionamiento, opacidad o incluso política de distribución ("la industria solo distribuye a lugares donde hay negocio", afirma), si bien en algún caso renuncia a algunos contratos no por descontento sino por coherencia.

Esa renuncia supone que después de un año entero sin escribir en su blog, vuelva a hacerlo para comunicarse con los lectores para contar una idea que se le había ocurrido: la revista Orsai. Ciertamente se trata de una revista muy particular, casi una contra-revista, pues se basa en todo lo contrario a lo que hacen todas las revistas, tal y como demuestra su elocuente declaración de principios:

1. No tendrá publicidad, ni subsidios privados o estatales.
2. Tendrá la mejor calidad gráfica del mercado.
3. Prescindirá de todos los intermediarios posibles.
4. Tendrá una versión en papel y otra, dinámica, para tablets.
5. Escribirán y dibujarán únicamente personas que admiremos mucho.
6. Llegará en menos de siete días a cualquier país del mundo.
7. Será trimestral y tendrá más de doscientas páginas.
8. En cada país costará lo que un libro (gastos de envío incluidos)
9. Contará con un capital inicial de cien mil euros.
10. La plata la ponemos nosotros, porque el sueño es nuestro.
11. Si salvamos la inversión, somos felices.
12. Si no salvamos la inversión, nos chupa un huevo.

Por si todo eso no fuera poco, Casciari y Christian Basilis, decidieron que el precio sería el equivalente a 15 periódicos del sábado de la zona (es por tanto una revista cara: 16€ en Europa y 12$ en latinoamerica ), y que además se vendería en paquetes de 10 ejemplares, para poder distribuir los otros nueve restantes y "así matar al intermediario", que según Casciari es una mafia que se queda con el 50% de la venta, mientras que el autor se lleva únicamente, y en el mejor de los casos, el 8%. No solo eso, iban a tener a escritores e ilustradores de gran nivel por los que ellos, como editores, sintiesen admiración. Y les pagarían bien por ello.

Contrariamente a lo que pudiera parecer a primera vista, la revista fue (o está siendo) un éxito: cuando Casciari publicó sus intenciones, antes de que se publicase el primer número (eso esperaría hasta el 1 de enero de 2011), 10.000 personas la compraron en pre-venta, sin saber siquiera cuáles iban a ser sus contenidos. Hoy llevan seis números publicados.

El segundo momento clave de la conferencia es el que surge de aprovechar la experiencia con la revista Orsai para montar una editorial que, como no, tampoco es convencional. Según casciari, cogieron uno de sus contratos estándar con sus antiguos editoriales y dijeron todo lo contrario:

  1. los derechos siempre para el autor
  2. posibilidad de que el autor deje la editorial cuando desee
  3. el autor recibe el 50% del precio de venta al público
  4. el autor puede ver cuantos números ha vendido, y también a quién se los ha vendido, para poder contactarles para agradecérselo si lo desea

El tercer momento clave y la anécdota final tienen mucho que ver con el papel activo de los lectores/Internautas: un día Casciari pregunta a sus lectores si les gustaba la idea de montar un bar y si querrían invertir en él. En 24 horas recibieron 204 correos elctrónicos de gente que quería poner mil euros, otros 80.000€ y otros trabajo para pintar, tocar con su banda de música...

La anéctoda final se produjo cuando, debido a un malentendido, estuvieron retenidas dos toneladas y media de ejemplares de la revista Orsai en el puerto de Buenos Aires y los lectores se manifestaron en twitter con el hashtag #liberenorsai  hasta el punto de que a las 12 horas, el gobierno argentino se pronunció públicamente también en twitter y al día siguiente y aestaban liberadas (ver noticia)

Para Casciari todo ello demuestra que estamos en el principio de algo, de un cambio en la industria cultural. El temblor de sus manos cuando hace el discurso final que pongo a continuación delata la importancia que tienen para él este momento y estas palabras:

Las decisiones culturales empiezan de a poco a estar en nuestras manos. Ya no le hacemos caso a altavoces únicos que nos dicen lo que hay que hacer. Somos nosotros los que comunicamos. Somos cuatrocientos millones de personas las que hablamos en Español. Cada uno de nosotros tiene una jerga distinta que nos hace únicos pero que también nos enriquece. Nos entendemos. Internet llegó hace un tiempo para unirnos, para decirnos que se pueden hacer cosas juntos y sobretodo en la cultura, que es la base fundamental de la complejidad de la mente. Hace casi 10 años que abrí un blog porque me sentía solo en un país extraño. Me sentía fuera de juego, necesitaba comunicarme con los míos y por eso le puse Orsai. Hoy estoy seguro de que la industria de la cultura somos los lectores y los autores. Y nadie más. Y que la otra industria, la que le teme a los cambios, la que intenta hacernos creer que Internet es un lastre, la que rajuña y la que engaña, se está muriendo. Y la vamos a ver morir. La cultura tiene que ser libre y tiene que ser gratuita. Yo les convoco a ustedes, autores, editores, a que cada vez que vendan un libro lo pongan en PDF gratis el mismo día que salga a la venta en góndolas porque van a vender más. Estuvimos años dependiendo de una industria codiciosa, comprando lo que ellos querían que comprásemos. Y de repente, y cada vez más, están quedando en orsai

Ciertamente me parece una visión muy acerctada e inteligente que daría para analizar detalladamente desde varios puntos de vista. Sin embargo, y ya que estamos con símiles deportivos, me gustaría destacar su filosofía judoca de aprovechar la energía del rival para vencerle: asume que, nos guste o no, Internet está aquí para quedarse y en lugar de verlo como un problema, lo convierte en una oportunidad. Así, los internautas dejan ser vistos como meros piratas en contra de la creación cultural para ser cómplices necesarios que adquieren roles distintos y simultáneos (a fin de cuentas son consumidores, promotores, distribuidores y publicistas a la vez). Y es que, no nos engañemos, lo que está en riesgo no es la cultura, sino la industria que hay detrás: Autores y consumidores nunca habían estado más cerca y eso es bueno. Lo que sobran son monopolios de distribución que lo único que han hecho ha sido añadir eslabones, complejidad y precio a la cadena, sin que eso reporte ningún tipo de valor*. La propuesta de Casciari hace todo lo contrario: aporta valor, simplifica el proceso y no añade precio. Por eso, porque es de sentido común, creo que tiene futuro.

 

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*Esta postura ya la defendí en su día en una pequeña intervención en el programa de Televisión Banda Ampla (TV3)

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