La BEAUXI, observador observado

Foto apresurada del libro en el que puede verse la fotografía de Pablo Garcia

Hace escasos minutos me ha llegado la publicación de la BEAU XI, un libro que me apetecía mucho tener y mirar con calma no solo porque es el punto final y resumen del trabajo realizado para la Bienal sino también para poder leer y estudiar en profundidad las obras participantes y los textos que las acompañan. Todavía no he podido mirarlo con el detalle que merece pero el trabajo realizado por Funcación Caja de arquitectos es muy bueno y el libro tiene una presencia exquisita, siguiendo la misma línea del de la edición anterior.

El texto que sigue a continuación es un extracto de los textos que elaboramos para el libro de la XI Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo (BEAUXI) entre Ethel Baraona, Pablo García Bachiller y yo mismo como integrantes del Equipo de documentación, difusión y transparencia web. El objetivo de estos textos era explicar nuestra tarea al mismo tiempo que ofrecíamos una mirada distinta, más íntima, sobre otra mirada: la que ofrece la BEAU en su selección de obras.

Observador observado
...o la gestación del programa de documentación, difusión y transparencia web

Desde sus orígenes, la BEAU ha sido una instantánea del estado de la arquitectura y el urbanismo españoles producidos durante los dos años anteriores, realizada a través de la óptica de un jurado independiente que va alternándose y aporta su visión particular del momento. Lo que quizá no resulte tan evidente es que a pesar de todo es al mismo tiempo un reflejo de su propio tiempo. El observador es a su vez objeto observado.

En estos últimos años hemos visto cómo Internet y las TIC se han ido incorporando en el día a día de gran parte de las personas de los países desarrollados. Incluso las webs, que ya formaban parte de nuestra cotidianidad desde mucho antes, han tenido que evolucionar para sobrevivir: ya no basta tener algo que contar, no basta con ser un mero escaparate. Es tanto el exceso de información en Internet que hay que ofrecer algo más si no queremos que el ruido documental no deje escuchar el mensaje que podamos ofrecer. No es de extrañar, pues, que hayamos asistido a la madurez de la web 2.0, es decir, aquella que permite la participación del usuario, lo cual ha propiciado la aparición de numerosas redes sociales (tan de moda últimamente), blogs, etc. un cambio en la manera en la que nos comunicamos con nuestros amigos, conocidos o contactos profesionales. Nuevos canales de interacción como Twitter han hecho que varíe no solo el lugar donde contamos algo sino también el qué contamos, el cómo y el cuándo lo hacemos. Los recientes acontecimientos sociales en el mundo han demostrado que, si bien esto es solo el comienzo, las redes sociales juegan y pueden jugar un papel exponencialmente significativo en muchos campos para los que originalmente ni siquiera fueron concebidas, demostrando una capacidad evolutiva y de adaptación asombrosa.

Hay quien dice que la crisis que estamos viviendo más que una crisis económica es de valores. Hemos perdido la confianza en bancos, en las empresas... y por ello empezamos a pedirles cuentas. Cada vez es más habitual que antes de comprar un producto preguntemos de dónde viene, quién lo ha fabricado, cómo lo ha hecho, qué se hace con sus residuos... o que queramos saber a quién financia nuestro dinero cuando abrimos una cuenta en un banco o compramos determinados productos o servicios. No es de extrañar, pues, que las empresas que informan de estos datos de forma transparente y clara estén empezando a tener mayor éxito y se diferencien respecto a las que no lo hacen.

Puede que todo esto haya contribuido a favorecer conceptos tan actuales como el coworking, crowdfunding, crowdthinking, la participación ciudadana... es decir, modelos diferentes de participación y colaboración que se basan en algo tan conocido como el trabajo en equipo, la sociedad del conocimiento y la inteligencia colectiva para conseguir resultados lo más óptimos posibles que salven las limitaciones individuales.

En este contexto no es de extrañar que la presente edición de la BEAU beba de todos estos parámetros y la condicionen. En realidad no podría ser de otra manera. Desde el equipo de documentación, difusión y transparencia web, formado por Ethel Baraona, Pablo García Bachiller y yo mismo, hemos trabajado para recoger algunos de estos parámetros e incorporarlos a la presente edición, para lo cual establecimos unos objetivos comunes y una metodología basada en el trabajo en equipo y un consenso capaz de otorgarnos cierta libertad de movimientos a la vez que permitiese que cada uno de nosotros desarrollase aquellos que temas en los que, por afinidad o conocimientos, se desenvuelve mejor con tal de obtener los mejores resultados posibles. Todo ello formando un proyecto integrado y unitario centrado en identificar los ingredientes conocidos y de forma novedosa, unitaria y coherente que responda de la forma más óptima posible al encargo recibido por parte de los directores. Al fin y al cabo en eso consiste nuestro trabajo como arquitectos.

En las páginas que siguen están explicados los tres grandes pilares del proyecto. De cara a facilitar la comprensión del trabajo realizado, cada uno de los textos se centra en un tema específico y va firmado por la persona responsable de su desarrollo, si bien la realidad fue ligeramente diferente, pues los tres tipos de acciones no se encuentran en estado puro y se mezclan continuamente, así como las labores de cada uno de nosotros.

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Siguen a continuación los textos "Difusión" de Ethel Baraona y "Transparencia" de Pablo García Bachiller. Ambos textos pueden encontrarse íntegros en el PDF adjunto al final del documento.

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Documentación

Cualquier evento como la Bienal tiene dos tiempos o momentos claramente diferenciados. El primero es el inmediato, aquel que narra el desarrollo del propio evento y sobre todo da a conocer las obras que, a criterio del jurado, responden de forma excelente a la realidad del momento. Este es un tiempo relativamente breve cuyos mensajes tienen que ser rápidos y llegar al mayor número de público posible. Hablamos de difusión. El segundo, más difuso, es atemporal pues se produce sobre todo cuando ha terminado la propia Bienal y adquiere más valor cuanto más tiempo haya transcurrido desde su fin. A diferencia del anterior es un tiempo en el que la información es más profunda y de digestión lenta donde priman la calidad y el contenido pues debe sentar las bases para que cualquier persona pueda consultarla, en el presente o en el futuro próximo, y establecer una lectura personal que le permita generar nuevas lecturas de la misma que permitan poner las obras en relación con el propio contexto, o unas con otras. Hablamos de documentación, o lo que es lo mismo, del procesado de toda la información generada para que, tarde o temprano, cubra la necesidad documental de una tercera persona.

Para el proceso de documentación la web, una vez más, adquirió el rol de nodo informativo. Uno de los aspectos que iban a condicionar su éxito o fracaso era que, como novedad en la presente edición, no solo los ganadores estuviesen publicados sino la mayoría de los 750 proyectos presentados. Dado que era imposible contar con un número elevado de obras publicadas en el plazo de tiempo que dura la convocatoria con el personal y recursos disponibles, decidimos que para la obtención de datos fuesen los propios participantes quienes publicasen sus obras al mismo tiempo que facilitaban la información para participar en el premio.

Para que eso fuera posible se trabajó mucho en establecer un protocolo fácil de usar y amigable, que pasaba sobre todo por estandarizar todos los campos en función de lo que establecían las bases y de criterios de generación de meta-información documental, garantizando la homogeneidad de los envíos así como su corrección formal. Lo que en principio era una limitación se convirtió en una oportunidad de generar en relativo poco tiempo una importante base de datos documental de obras muy interesante para los interesados en la materia, con información acerca de los agentes intervinientes, las características técnicas, las memorias descriptivas e investigadoras y, lo que es más importante, el panel presentado para el premio.

Teníamos los datos y ahora faltaba presentarlos. Y es que tanto o más importante que disponer de buena información es el hecho de presentarla adecuadamente y de forma que no solo facilite al lector, visitante o investigador la lectura y comparación de la mismas, sino que además lo haga, en la medida de lo posible, de forma amigable. Los mapas cobraron una gran importancia en este aspecto. Dado que todos los proyectos están geoposicionados a partir de unas coordenadas que se introducen a partir de la dirección fue posible generar una sola página con un mapa interactivo. Dicho mapa permitía mostrar, en una sola página, todos los proyectos participantes, a la vez que ofrecía la posibilidad de filtrar las obras premiadas, finalistas, seleccionadas y participantes mediante la activación o desactivación de las capas correspondientes. Otras interactividades destacables para facilitar la labor de búsqueda de las obras así como entender su relación con el entorno fueron la posibilidad de navegar por el mapa a pantalla completa, cambiar las capas de fondo o mostrar la información resumida de cada proyecto al pasar por encima de su situación.

A pesar de que la parte de proyectos es la que mayor importancia ha adquirido, la web también documenta el resto de informaciones relacionadas con la Bienal, tales como y de los PFCs de la IV Muestra, que reciben un tratamiento análogo al de los proyectos, las crónicas de las sesiones, artículos, tuiteos y eventos.

Por último la labor de documentación la cierran algunas actividades que, si bien no hemos realizado dentro del equipo, cumplen también esta labor documental como son la realización de la publicación de la presente edición que tiene en las manos y la exposición, que tienen la particularidad de que trascienden lo virtual y tienen un poso en el mundo físico.

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