El pasado 30 de marzo asistí a la conferencia Aprendizaje invisible: aprendiendo en 3D, 360º y 24/7 a cargo del Dr. Cristóbal Cobo y organizada por la Universitat Oberta de Catalunya y la Fundació Jaume Bofill. En ella, el Dr. Cobo habló sobre 10 ideas fuerza que giraban entorno a la idea de la importancia que tiene la formación no reglada, aquella que surge de la motivación (autodidactas), de la serendipia o del azar (viajes, experiencias integradoras...) y del papel que ha jugado y no ha jugado la tecnología para fomentarla.
La conferencia estaba planteada para promover la reflexión, para motivar a "darle vueltas al hamster" según las palabras de Cobo, lo cual favoreció que hubiese varias intervenciones en el debate posterior, la mayoría acerca de cómo deben integrarse las TIC en este proceso o de cómo tiene que ser este, ya que contrariamente a una creencia muy extendida, la tecnología por si misma no solo no soluciona estos problemas sino que los acrecenta. Sin embargo salí de allí con una pregunta que no me dió a tiempo a formular en el debate y que no tiene que ver tanto con el aspecto tecnológico (raro en mí) sino con las universidades y el sistema educativo establecido.
Supongo que nadie discute la importancia que tiene para la formación de un individuo este tipo de aprendizajes informales, no planificados (no en vano hace tiempo que los padres se esfuerzan en que sus hijos hagan actividades extraescolares como deporte, música, excursiones, idiomas...). Lo que, en mi modesta opinión, me pareció más relevante de su conferencia fue lo que interpreto como la reivindicación de la importancia de este tipo de aprendizajes para conseguir que dejen de estar relegados en el final de los currículos para ocupar el lugar que realmente les corresponde. Para que esto se produzca, decía Cobo, es importante poder establecer unas competencias y ver cómo se evalúan o cuantifican. Y ahí está para mi el meollo de la cuestión. Más allá del cómo se hace me parece más importante saber quién lo hace. ¿Universidades? ¿Empresas? ¿Fundaciones? ¿Otros?
Hay quien opina que las empresas, a pesar de estar -por definición- conectadas directamente con el mundo laboral, no deben tener capacidad para ello ya que su objetivo no es el formativo sino el de lucrarse a través de ofrecer productos o servicios, lo cual podría interferir en sus intereses formativos (por ejemplo el de ofrecer formación enfocada a sus productos o servicios para vender todavía más). El caso de las fundaciones es un tema que desconozco más todavía, más allá del caso de la Fundación Mozilla que comentó el Dr. Cobo no conozco otros ejemplos, así que no me detendré en ellos.
En el caso de que tengan que ser las universidades, primeramente habría que detenerse a analizar si tiene sentido que una institución oficial y perfectamente reglada institucionalice algo que por definición no puede ser institucional. En el caso de que tuviese algún sentido que fuera así, habría que reflexionar acerca del contexto actual en el que la enseñanza se está convirtiendo cada vez más en un negocio y como tal nadie quiere renunciar a su trozo de pastel. Y en eso las Universidades no son una excepción (no en vano en los últimos años han aparecido un mayor número de instituciones privadas y se ha profesionalizado la carrera de docentes y de estudiantes -ambos tienen que acreditar unos conocimientos y unas competencias). Si este contexto es cierto, ¿de verdad pondrán empeño las universidades en aceptar otro tipo de formación que se produce fuera de sus terrenos?
El camino para dar respuesta a tantas preguntas es largo, y es muy posible que asistamos a muchas redefiniciones en el futuro próximo. Si las universidades evolucionarán más hacia entidades acreditativas de formación, a modo de ISOs, o hacia entidades de formación sea cual sea su orígen (como la P2PUniversity), solo el tiempo lo dirá.
Mientras todo esto se resuelve me hago otras preguntas: ¿y qué hacemos mientras tanto aquellos apasionados que nos hemos ido (auto)formando en aspectos muy concretos fuera del circuito convencional? ¿Existe alguna posibilidad real de que se nos reconozcan no solo nuestras competencias sino nuestros conocimientos y podamos integrarnos en circuitos hasta ahora limitados a investigadores y docentes que provienen del mundo académico? Hasta donde yo se la única vía han sido los Honoris Causa, pero además de estar limitados a personas famosas, que posean títulos nobiliarios o empresas valoradas en millones de euros, eso implica a la universidad de por medio, lo cual nos lleva a la pregunta inicial sobre quién y cómo se encarga de estos reconocimientos.
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