Sobre envases, fachadas y ventas
Hoy quería descargarme un software y me ha llamado la atención algo habitual en este tipo de páginas: a pesar de que ya la mayoría de software se descarga por Internet, y en caso de necesitar activarse la licencia también se hace por el mismo medio, todavía presentan el programa en una imagen que muestra una caja de cartón ¡como si la gente fuese a comprar/descargar una caja con un CD y manuales impresos dentro!
Hoy en día está cambiando el paradigma del negocio en cuanto a software se refiere. Eso, junto al aumento de mejoras de velocidad de conexión y uso de programas permiten que cuando alguien quiere adquirir un programa se descargue un archivo ejecutable o una imagen de CD, si además quiere manuales se pueden descargar en pdf o simplemente son en formato wiki, videotutoriales… que permiten la inclusión de medios que el papel no permite.
Todo ello tiene muchas ventajas entre las cuales destacaría las siguientes:
- Ahorro económico: El fabricante no tiene que tener un stock de material ni de CDs, con el consiguiente ahorro que le supone. Se eliminan gastos de distribución, con el consiguiente abaratamiento del producto (en muchos casos es gratuito)
- Ahorro de plazos: El consumidor puede disponer del software casi inmediatamente, sin necesidad de desplazarse.
- Ahorro ecológico: Se ahorran toneladas de papel y tinta para la generación de manuales que en un porcentaje elevado no suelen leerse (por tanto el ahorro es doble, pues además de no gastar dinero en manuales tampoco se generan residuos).
Sin embargo todas estas ventajas indiscutibles parecen tener un problema: a los clientes puede costarles valorar algo tan sencillo como un simple archivo, que no existe físicamente ni ocupa espacio ni se ve. Y eso es un problema porque para que un negocio sea rentable necesita una buena base de clientes convencidos. Conscientes de ello, los fabricantes de software emulan el modelo que de los kioskos o supermercados (en los que los envoltorios son más voluminosos y llamativos que el propio producto para destacar frente a la competencia y generar ventas) y simulan atractivas cajas que supuestamente contienen sus productos, con el objetivo de usarlos como reclamo publicitario.

De todo ello puede desprenderse el siguiente teorema: “Valoramos las cosas por su apariencia” del cual los fabricantes de software y de productos para la venta en kioskos y supermercados han sacado un corolario: “Para vender un producto es necesario hacer una caja vistosa. Cuanto más vistosa sea ésta el grado de satisfacción del cliente aumentará y comprará más”
Si a lo aquí comentado le sumamos lo que ya planteé en este post (se suelen valoran las cosas por lo que se paga por ellas) se desprende que los arquitectos tenemos un serio problema, ya que vendemos intangibles. Podríamos por tanto reformular el teorema anterior por este otro: “Valoramos las cosas por su apariencia y/o por su coste” lo cual puede explicar lo que parece ser la tendencia actual en arquitectura: “Las arquitecturas valoradas son las de fachadas vistosas. Cuanto más vistosas sean éstas la fama del autor aumentará y recibirá más encargos”
Qué lástima. En los dos casos.
Arquitectura, Herramientas digitales, No-arquitectura, Opinión
Es cierto que la presentación del producto, por muy inútil y negativa que sea, es fundamental para que las cosas entren por los ojos. Hay que admitir esa evidencia. Sin embargo, felizmente, cada vez somos más los que pretendemos encontrar la autenticidad y el ahorro de materiales y pensamos como tú. El futuro es nuestro.
Ojalá sea así…