publicado por carlos en Lun, 25/06/2007 - 04:52
"... no me vas a cobrar eso, ¿verdad?, total, por cuatro líneas..." ¿Cuantas veces hemos oído esta frase y sus variantes en boca de un amigo o conocido cuando nos "encarga" un pre-proyecto? Existe la concepción errónea, desfasada y/o parcial de que los arquitectos vivimos muy bien porque cobramos mucho o que nuestro trabajo se limita a "dibujar". También existe una concepción perniciosa entre los arquitectos de que hay que rebajar precios para conseguir los primeros encargos o, peor todavía, para conseguir encargos. Mala combinación. Y más con la tendencia actual en la que se confunde el precio de las cosas con su valor real, o dicho de otro modo: se valoran las cosas por lo que se ha pagado por ellas.
Creo que deberíamos hacernos valer como profesionales y hacer pedagogía de la arquitectura cada vez que oyésemos cosas por el estilo en lugar de hacer lo que lamentablemente es más común: agachar la cabeza y bajar precios. Y para ello es vital entender y hacer entender que al contratar un arquitecto, éste va a hacer mucho más que un "dibujo": primeramente va a hacer un proyecto que dará solución a las necesidades del encargo y lo hará dentro de un marco normativo bastante exigente y de un presupuesto razonable y lo dibujará (nótese la diferencia abismal entre "dibujar" y "proyectar") para que se pueda materializar. Por si eso no fuese poco, irá a la obra para asegurarse que se construye como estaba previsto, y por si fuese poco, va a adquirir una responsabilidad para con lo que ocurra en la obra que no acaba cuando se finaliza... dura unos cuantos años más.